Santander es un una ciudad maravillosa para ir vez tras vez y siempre
descubrir algo nuevo y especialmente bonito. Con cerca de 180.000 habitantes,
el viajero se encuentra ante una ciudad mediana con numerosos encantos
naturales, artísticos y culturales. La pregunta que surge es: ¿por dónde
empezar?
A los que les gustan los monumentos, quizás prefieran empezar por los
jardines de Pereda. Se trata de un paseo excepcionalmente hermoso que se alza
sobre el antiguo puerto de la ciudad y sus muelles. Un lugar destacado de estos
jardines es la escultura de José María de Pereda, donde se representa su figura
y escenas de sus obras. En esta zona también se encuentra el Banco de Santander,
edificio central de esta importantísima institución bancario.
La Plaza Porticada es un ejemplo de la arquitectura moderna de la
ciudad, aunque no por ello, menos sorprendente. Se construyó en 1950 y es obra
del arquitecto J. González de Riancho. Esta plaza es muy famosa debido a que se
han realizado numerosas ediciones del Festival Internacional de Santander en su
recinto. Si el viajero se encuentra cualquier domingo por la mañana en la
ciudad, no debe dejar de visitar esta plaza pues se da un animado mercadillo de
coleccionistas.
Santander es una ciudad de mar y el turista no puede obviar este
detalle. Por eso, si el tiempo lo permite, debe acercarse a los viejos muelles.
¿Qué mejor que empezar por el Palacete del Embarcadero? Se trata de una
construcción no demasiado antigua, pero muy emblemática y apreciada en la
ciudad. El Real Club Marítimo o la flota pesquera cautivarán a los visitantes
que harán decenas de fotos, especialmente si las aguas reflejan esa luz que caracteriza
al mar Cantábrico. Si hace día de playa quizás sea inevitable tomar el baño en
la Playa de los Peligros. Sus 200 metros de longitud y sus 70 metros de anchura
invitan a adentrarse en su arena dorada y fina y a contemplar la curiosa bahía
que forma su relieve. Después de refrescarse un rato, es muy recomendable
visitar el Museo Marítimo del Cantábrico. Se trata de un museo muy divertido y
didáctico para todos los miembros de la familia. Todos terminarán encantados
con dicha visita.
Cuando se acerca el atardecer, el viajero debe subir a los bucólicos
Jardines de Piquio. Los jardines son maravillosos, con multitud de flores y
vegetación diversa según la época en que se visite. Sin embargo, lo realmente
inolvidable son las vistas desde este lugar. Los atardeceres son un momento
mágico en los que se ve desaparecer el sol en medio de la exuberante naturaleza
que regala una ciudad tan sostenible como Santader.
Una jornada en Santander sería incompleta sin probar algo de su
esmerada y, mundialmente reconocida, gastronomía. En cualquiera de sus
múltiples terrazas y restaurantes se pueden degustar algunos de los más
sabrosos platos que se extraen directamente del mar. Por supuesto, uno no debe
olvidarse de comprar algún regalo o souvenir, para lo cual serán muy apreciadas
las múltiples tiendas que hay en la ciudad.



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