Se mire desde el punto de vista
que se mire, La Cartuja de Miraflores, es un reducto de belleza, paz interior y
fuertes sentimientos que acompañan durante toda la visita a los viajeros que
tienen el privilegio de contemplarla y admirarla. Está edificada sobre una
singular colina en el parque de las Fuentes Blancas, a tan solo tres kilómetros
de la milenaria ciudad de Burgos. La zona en sí misma es francamente bonita,
pues esta construcción religiosa se encuentra rodeada de álamos, chopos e
interminables jardines.
No hace falta tener creencias
religiosas para disfrutar del encanto de la zona y de la pureza que transmite
esta blanquecina edificación. Para encontrar el momento que empezó su fundación
hay que remontarse al año 1442, momento en el que el rey Juan II de Castilla
donó su palacio a la Orden de la Cartuja. No obstante, la obra se concluyó por
la gracia de Isabel la Católica. Las obras fueron encargadas a Juan de Colonia
siendo terminadas por su hijo en 1484.
El edificio es muy impresionante,
y visto desde debajo de la colina, resulta en una estampa idílica, como de
cuento, donde la imaginación y las reflexiones profundas pueden hallar su
espacio.
¿Qué maravillas artísticas alberga en su interior? Cuenta con auténticas joyas del arte gótico tardío. Por ejemplo, dispone del Retablo mayor, de madera policromada. Nos hallamos ante una de las obras más importantes de la escultura gótica hispana, y no pasará desapercibido a los que lo contemplan. También se puede hallar en su interior el sepulcro del infante Alonso de Castilla y el de Juan II e Isabel de Portugal.
Se debe tener en cuenta que el
lugar está habitado por la orden de los Cartujanos, que han estado
ininterrumpidamente desde su fundación. Aunque la cantidad total puede variar
con el paso del tiempo, más o menos hay una veintena de monjes que se dedican a
la vida contemplativa. Normalmente no salen del monasterio y su máxima es
alabar a Dios todos los días de un modo sencillo y con la máxima austeridad
posible. La vida de estos monjes es dura y abnegada, al menos a los ojos de la
gente normal. Se acuestan cada día a las ocho de la tarde y se levantan a las
once y media (cuatro horas más tarde) y hacen la oración de la noche: los
Maitines y los Laudes. A las dos y cuarto vuelven a sus cuartos y descansan
hasta las seis y media de la mañana para empezar el día, propiamente dicho.
Este magnífico lugar se puede
visitar de lunes a sábado entre las 10:15 y las 15:00 y entre las 16:00 y las
18:00. Los domingos la visita puede ser de 12:30 a 13:00 y de 15:00 a 16:00. Se
debe tener en cuenta que se hacen misas todos los días a las 9:00 y los
domingos y festivos a las 10:15. Esto significa que se debe visitar este lugar
con el máximo respeto posible. Los monjes son agradables y su conversación muy
animada, siempre y cuenta se respeten sus hábitos y lo sagrado del lugar.
Como se comentaba anteriormente,
independientemente de las creencias de cada uno, la visita de La Cartuja de
Miraflores no dejará indiferente al turista. Sea por la belleza del entorno,
los tesoros arquitectónicos y artísticos que oculta, o su espiritualidad, este
lugar es altamente recomendable cuando uno viaja a Burgos.

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