Burgos es una ciudad excepcional
donde se pueden visitar muchísimas maravillas. Cualquier viajero, sea
provisional o asiduo, encontrará decenas de lugares donde disfrutar de sus
gentes y cultura, al tiempo que encontrará maravillosos hoteles para pernoctar,
la mayoría de veces a un precio muy ajustado. Pero no cabe duda que uno de los
mayores alicientes de Burgos y su provincia es su extraordinaria gastronomía.
Quizás el alimento más famoso de
la zona sea su morcilla. Los que gustan de semejante manjar aprecian sus
ingredientes típicos, es decir, la cebolla, la sangre, la manteca y el arroz,
además, por supuesto, de la exquisita carne de sus cerdos. Aunque la mayoría de
gente la denomina morcilla de Burgos como una generalización, también hay
deliciosas morcillas en Aranda, Miranda de Ebro, Sotopalacios, Covarrubias y
Trespaderne.
Los productos lácteos alcanzan su
máximo exponente con el denominado queso de Burgos. Es difícil que alguien no
conozca este producto, pero para aquellos pocos que no han probado semejante
delicia, hay que explicarles que se trata de un queso blanco, blando y acuoso,
de leche de oveja, aunque también se mezcla con leche de vaca en la producción
industrial. Este queso está muy bueno solo, pero también se deja acompañar
estupendamente por la miel, el membrillo o las nueces.
En toda Castilla y León las
carnes son muy ricas y abundantes. En la zona de Burgos se consumen muchos
lechazos y cabritos, asados que alcanzan su más rica expresión cuando los
cocinan las manos expertas de los muchos artesanos que hay en la zona. Desde
luego, cualquiera de estos platos se puede tomar con alguno de los muchos vinos
excelentes que nutren la provincia de Burgos, como la mundialmente conocida
denominación de origen Ribera del Duero.
A los que gustan los platos
contundentes, no debe quedarse sin probar la caldereta pinariega. Aunque
anteriormente se denominaba como plato de pobres, ahora es muy apreciado en la
zona y lo sirven algunos de los mejores restaurantes de la ciudad y la
provincia. Por cierto, los restaurantes que hay en los alrededores de la
Catedral de Burgos son muy recomendables por el trato personal, amable y la
calidad de las materias primas que utilizan. El turista que decida tomar un
refrigerio en estos locales no se arrepentirá.
Llegado a la hora de los postres,
la gastronomía Burgalesa nos deleita con múltiples sabores y aromas. Uno de los
más populares son las perronillas. Sus ingredientes son la manteca de cerdo,
los huevos, la harina, azúcar, canela, limón, almendras y una pizca de
aguardiente. A media tarde seguro que el
turista le apetecerá tomar un café con una torta de Aranda o unas almendras
garrapiñadas para aguantar hasta la hora de la cena.
La hora de la cena ofrece la
misma variedad en platos y carnes que al mediodía, si bien es conveniente tener
en cuenta algo más ligero como la sopa castellana o quizás la sopa burgalesa,
un caldo compuesto de carne de vaca, huevos, patatas y cebolla, con un poco de
sal, perejil y aceite. Burgos es gastronomía, sin lugar a dudas.


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