No son pocos los restaurantes y fondas de Asturias, que cuando ofrecen
menús, tienen una particular costumbre que deja muy sorprendidos a los que no
la conocen. Cuando se pide un plato, el camarero deja una olla o recipiente
entero para que el comensal se sirva todas las veces que guste. Claro, como uno
se puede imaginar, si se repite el proceso varias veces durante la estancia en
este fantástico lugar, eso tendrá un efecto directo en figura del turista. Sin
embargo, es posible disfrutar de la extraordinaria gastronomía de Asturias sin
sufrir “daños colaterales”. La clave es la moderación, que nos permitirá
degustar los muchísimos sabores que aportan a la cultura de la comida.
El pan es un claro ejemplo de la suculenta gastronomía de la zona. Hay
diferentes modalidades, pero una de las más sabrosas es el pan “preñao”. Se
trata de un bollo con un chorizo en su interior. Hambién es posible probar los
tortos (pequeñas tortas de maíz doradas en la sartén) o los típicos “frixuelos”,
una especie de crepe.
El mar Cantábrico aporta toda serie de pescados y mariscos que aportan
mucho sabor a la cocina asturiana. Uno de sus platos más conocidos es el besugo
a la espalda. El comensal más sibarita no debe perderse los guisos a base de
lubina, cabracho o angulas. Por ejemplo, el pastel de cabracho es sumamente
apreciado en toda la geografía del Principado.
Asturias también es una tierra de carnes muy importante. Las ganaderías
bovina y ovina aportan piezas de gran valor para los mercados locales. Por
probar algo típico se puede comer el pantruque (un embutido que lleva tocino,
cebolla, harina de maíz y otros ingredientes que pueden variar según la zona en
la que se prepare). Claro, Asturias es un lugar de leche y quesos
excepcionales. Tan solo en Asturias hay 42 denominaciones de origen de quesos,
tales como el Cabrales, Gamonedo, Oscos y un largo etcétera.
¿Qué se puede hacer cuando se necesita tomar algo dulce? Bueno, aunque
parezca muy típico, vale la pena probar el arroz con leche casero. ¿En qué se
diferencia de otros? En que su cocción es mucho más prolongada y su cremosidad
llega a niveles sumamente altos. Si se pasa por alguna tienda especializada no
debe dejar de probarse las charlotas de Gijón o las marañuelas de Candás y
Luanco.
Y no es ningún tópico decir que la sidra de Asturias está
excepcionalmente buena. Aún cuando a uno no le guste especialmente, el
protocolo con el que se sirve (los camareros la suelen escanciar con mucho
arte) permite disfrutar de una tradición milenaria de forma muy activa. En fin,
si a la sidra se suman los buenos pinchos propios de la zona, la fiesta se
puede dar por completa.
Después de una suculenta comida, conviene no acomodarse en un sofá. Lo
ideal es seguir recorriendo las maravillas que ofrece la naturaleza Asturiana,
o dar una vuelta por una ciudad siempre emblemática como Ribadesella. Además,
conviene caminar para que uno vuelva a tener apetito para seguir disfrutando de
otras deliciosas comidas en Asturias.


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